jueves, 7 de noviembre de 2013

Y echarte de menos.

Te conocí,
y una parte de mi corazón se quedó allí, contigo.
Y ahora, me cuesta respirar
- y pensar que se encargaba de bombear sangre-,
aunque quizá es por el nudo al pronunciar tu nombre.

Y creo que te echo de menos.
Creo, por temor a afirmarlo.
O es que estás en todas partes.

Te sueño demasiado,
te pienso algo más,
y tocarte, bien poco.
Te veo en el caminar de otra gente
o en el balanceo de sus manos,
que no son las nuestras.
Tu risa, la oigo en cada esquina,
la persigo, y al girar, has huído.
Prefiero pensar que no te he alcanzado.

¿Y cómo voy a alcanzarte
si nos separan muchos quilómetros,
algunos países, y otras tantas horas?

Prometiste una vida juntas,
pero esta distancia augura una muerte prematura.
O es un delirio, por no verte.
Aunque tu voz, mi salvación.

Fue tu culpa, por malacostumbrarme.
La mía, por dejarme enamorar.
Por como soy estando contigo,
lo vacía que me quedo sin ti.
El perderme entre tus brazos
y encontrate entre mis ganas.
El color de tu sonrisa,
el sabor de esos besos -en mis labios,
o entre mis piernas-.
Las caricias en la espalda,
y los orgasmos del te quiero.

Deberías venir,
no para estar conmigo,
si no para no estar yo sin ti.
Porque mi cama reclama por tu ausencia
y yo reclamo tu presencia.
Porque el amor, cariño,
es follarte despacito y besarte los te quiero.
Es nostalgia al acostarte
y anhelo en mi despertar;
fingir seguir dormida, y observarte de reojo.
El amor es olvidar a este mundo,
y girar en torno a ti.

Creo que vivo en un pasado contigo,
pensando en el futuro que nos queda por compartir.

Sí, te echo de menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario