Siempre dije que mi bebida favorita era el café,
solo, por su olor y su amargura.
Hasta que te conocí, supongo.
Ahora me gusta contigo, y con un poco de hielo.
Y me gustas tú.
Los hay que hablan de caminos y coincidencias, del destino,
que las cosas aparecen cuando menos te lo esperas.
Capullos, cómo les gusta hablar.
Yo tuve que buscarte y perseguirte para encontrarte,
y ahora vivo en el séptimo cielo,
pero no me hace falta bajar
porque también sé que es estar en lo más hondo,
consumida por las lágrimas de la desesperación del no tenerte.
Igual que quererte implica amarte,
no conlleva poseerte.
Querer no es ocupar un mismo espacio
o vivir las mismas horas,
no es apuntar en una misma dirección
y perseguir un mismo sueño.
Querer va más allá,
así que alineemos intereses:
yo me acabo este café
y tú me absorbes hasta el alma,
y mientras fumas un cigarro,
me encargo de encender tu vida.
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