Creo que no recordábamos que nos pertenecíamos
el día que nos concocimos para separarnos.
Por eso te olvidé,
por el miedo a no reconocerte si volvíamos a cruzarnos.
Pero el otro día volví a verte,
después de mucho tiempo
y otros tantos besos.
Sí, te vi de nuevo
y fue tan triste como nuestro último adiós.
Me vi en tus ojos y era una extraña cualquiera,
de esas que en algún momento perdieron su norte
- yo me dejaba guiar por la brújula de tu ombligo-.
Y es que fui nadie cuando dejé mis sentimientos frente a tu puerta,
junto aquella nota que suplicaba que volvieras.
Y no lo hiciste.
Estabas espléndida, como siempre.
Vestías esa sonrisa de la que todo el mundo se prende,
llevándole a la perdición.
Yo solo te veía desnuda
y mis ojos se perdían entre tus pechos.
No eran los únicos.
Siempre has sido la razón por la que cualquiera perdía la cabeza.
Un orgasmo.
Alguna lágrima.
Tienes ese poder de agarrar de la mano
y abrazar el corazón,
de apoderarte de los miedos
y ser tú el mayor temor.
Mi vida es tan triste
como masturbarme pensando en el amor que no me das.
Durante un tiempo te imaginé
y oí tu voz al otro lado de la puerta.
Era la soledad,
se reía en la boca de otras gentes,
me llamaba y el silencio respondía.
Y no había nadie al otro lado.
Más tarde te lloré
y abrí heridas del pasado.
Cada lágrima desgarraba cicatrices;
al menos ese dolor acallaba los llantos del corazón.
Decidí olvidarte,
desdibujarte de mis sueños,
anular cualquier deseo y aquella parte de mi que te perteneciera.
Busqué tu placer en otras manos expertas,
capaces de odiarte por no saber hacérmelo como lo hacías tú.
Mi cuerpo se vengaba por permitir acostumbrarme a tu tacto,
por dejar que ataras mi lujuria a tu cama
y dejarme a tu merced.
O por adueñarte de mi tristeza, quién sabe.
Ha llegado la hora de darme una oportunidad,
de pedirle tregua al amor
y firmar la paz con la sinrazón.
Quiero aprender a besar otros labios
y sonreirle al pasado,
a acariciar al dolor y que no haya rencor.
Merezco permitirme sentir,
cantar bajo la lluvia
y bailar en los brazos de otro extraño.
Y perderme de camino a casa,
para encontrarme en mi misma.
Cariño,
si aunque te olvide puedo recordarte,
vivir sin ti no me impedirá ser yo misma.
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